Indecisione

"Somos de la misma materia que los sueños..."

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martes, marzo 15, 2005

Pensamientos que vagan por la mente, sentimientos incapaces de surgir, de mostrarse tan cercanos que puedan llegar a crear su propia forma, simples rastros de especie inmaterial, que nos rodean a cada momento como un halo imperceptible. Los he buscado, he seguido su rastro, la estela que permanece tras su paso, buscando ese elemento común que me permitiese describirlos como cualquier otro objeto material; y, al fin, lo he encontrado, pues se trata de palabras que se muestran como nexo de unión de aquel mundo cotidiano, el que conocemos y modificamos, o al menos lo intentamos, y aquel otro más extraño. Aquel que, continuamente, nos recuerda lo que conscientemente habíamos querido olvidar, nos muestra el camino, casi siempre ignorado, que debemos seguir… todo, al fin y al cabo, se resume en las palabras. Palabras que siempre están presentes, que nos marcan y definen como lo que somos, lo que hemos sido y lo que, de un modo u otro, queremos ser algún día. Palabras que, juntas, se acumulan en la mente sin llegar nunca a formar algo completo. Palabras que nunca debí decir, y sin embargo lo hice. Y aquellas otras que golpeaban mi boca deseando surgir mientras les negaba una y otra vez ese continuo deseo. Aquellas que, desde ese momento y para siempre, ya nunca verán la luz. Las palabras que nunca te dije, pese a que, por una vez, sabía que expresaban un sentimiento; para qué, me decía, ya conozco ese futuro. Deseos bruscamente interrumpidos por simple cobardía, por ese temor casi inconfesable que suponen las palabras. Palabras, que al juntarse, formarían aquel texto que significaba un sueño que nunca pude alcanzar. Palabras que me gritaban una y otra vez que por muy lejos que fuese nunca conseguiría huir. Palabras que inútilmente respondían a cada nueva provocación negando cualquier huida. Palabras que, al fin, se acallaban bajo la realidad. Y, sin embargo, palabras que nos recuerdan quiénes somos, y quiénes queremos ser, palabras que nos dan fuerza cuando se debe combatir, y nos traicionan después, obligándonos a escuchar aquello que no queremos oír. Un “lo siento” podría evitar una guerra, un “te quiero” tal vez una tragedia… lejanos rastros de un texto alguna vez escuchado, o tal vez simples retazos que quiso crear mi mente. Palabras, al fin y al cabo, que con demasiada frecuencia subestimamos, de las que pocas veces llegamos a comprender su verdadero significado. Oscuras palabras, escuchadas hace ya tanto tiempo, que siempre recordaremos, mientras las letras más bellas se difuminan en el recuerdo. Extrañas son las palabras, y más extraños nosotros por intentar ignorarlas, por no reconocer que somos incapaces de soportar la idea de no poder recordar todo lo que escuchamos, todo lo que leímos, todo lo que una vez aprendimos, y más incapaces aún de llegar a comprender la infinitud de aquello nunca dicho, de lo que una sola palabra podría haber cambiado y, sin embargo, ya nunca existirá. Cobardía, al fin y al cabo, mi propia cobardía, al comprender la certeza de que el escudo que me rodea, me protege y me bloquea fue hecho a base de letras, que al unirse crearon las palabras nunca dichas, aquellas por siempre guardadas pero ya nunca olvidadas. Son crueles las palabras, pues se intentan ordenar para explicar sentimientos y sólo se ha conseguido poder crear este texto.