Indecisione

"Somos de la misma materia que los sueños..."

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miércoles, mayo 18, 2005

Me asomo a la terraza. El pequeño espacio de la misma se muestra aún más reducido al verse ocupado por el tendedero y el cristal casi opaco detrás suyo, disminuyendo así la sensación de nexo con el exterior. Alzando la mirada se ve una parte del cielo, prácticamente la única vista que ofrece esa terraza y, sin embargo, suficiente para adentrarse en el cielo estrellado cada noche. Miro allí, sabiendo ya lo que se ve, esperando reconocer las pocas constelaciones que mi memoria es capaz de recordar. Esta vez es no obstante distinto. Está nublado, y en vez de llegar a mí la típica sensación de tristeza acostumbrada, sólo recibo una frase que se adentra en mi mente y me dice “Quiero volver a escribir”. Es curioso, de vez en cuando me encuentro diciéndome de nuevo esta frase. “¿Volver a escribir?”-me pregunto-“Como si alguna vez lo hubiese hecho”. Supongo que mi propia mente decide elegir estas palabras, que suenan sin duda mucho más románticas e interesantes, como si un gran trauma pasado hubiese frustrado mi gran carrera literaria, en vez de “Serás vaga, si quieres escribir hazlo de una vez y deja de ponerte excusas”. Tras pensar esto sonrío. “Quiero volver a escribir”-me dice de nuevo. Por supuesto, no lo hago. Me asomo de nuevo a la terraza, y allí está, al fin, una estrella que brilla entre las nubes. “Ariel”-escucho pronunciar a mi mente. “Ariel, la estrella de la esperanza”-se superpone la voz de Elvén pronunciando las palabras de aquel cuento no escrito-. “Se dice entre los wendel que, cuando todo parece perdido, debes mirar al cielo, y si eres capaz de descubrir a Ariel entre las nubes, será porque todavía queda esperanza; ella será la luz en la oscuridad”-le explica a Esween, que posiblemente no crea que sea verdad, al igual que no creería que apenas tendría ocasión de volver a escuchar su voz. Algún día lo escribiré al fin. O tal vez no. No será ahora en cualquier caso. Me asomo a la terraza. La noche siguiente. Las nubes ahora sólo cubren pequeñas porciones del cielo. Es curioso, el inicio de la noche, cuando el color azul del cielo aún no roza la frontera con el negro. En ese momento, justo entonces, las nubes se muestran también un poco azuladas, como en un cuadro en el que ningún color desentonase. La luna aparece tras una de ellas, que le deja paso por un instante. El gris-azulado de la nube parece ahora plateado al convertirse en halo de la luna. “Quiero describir esto”-dice mi mente en otro de sus arrebatos. No sé hacerlo. No lo hago. Espero de nuevo otra noche, llega tras ella la mañana, y escribo ahora estas líneas, esperando el momento de escuchar de nuevo a mi mente, oír sus nuevos consejos, que raramente persigo, pero sin duda deseo.