Recuerdos
Últimamente, en el enésimo intento de re-ordenación de mi habitación, me he puesto a hacer un par de cosas que, posiblemente, las personas irremediablemente nostálgicas como yo no deberíamos hacer. En primer lugar, estuve organizando fotos antiguas que inexplicablemente se habían ido acumulando en montones sobre mi mesa. Y, en segundo, distribuyendo por sus respectivas carpetas un montón de correo electrónico que a lo largo de casi un año se había depositado en mi buzón de entrada.
Supongo que no hace falta que diga que, a lo largo de este paseo por el tiempo, resultó inevitable impedir que los recuerdos volviesen de nuevo a mi mente. Sonreír con los buenos momentos pasados, y sentir esa punzada de nostalgia hacia los que sé que ya no volverán. Me encanta hacer fotografías, no sé bien por qué, y me encanta guardar todo aquello que cae entre mis manos como el más valioso de los tesoros, tampoco sé bien por qué.
Creo que, porque aunque sólo me traigan a la memoria momentos pasados, también me renuevan la esperanza de que el futuro me traerá otros muchos momentos para recordar, para pasar a formar parte de aquellos recuerdos que dan sentido a nuestras vidas con el paso del tiempo.
Quiero daros la gracias a los que habéis creado todo aquello conmigo, por los momentos pasados, los viajes y las risas. Por poder decir aún, y pese al tiempo pasado, “¿Recuerdas cuando…?” y dejar que la memoria nos traiga de nuevo la sonrisa.
Y también quiero pediros disculpas a muchos, a los que leéis este blog y a los que nunca lo harán, porque sé que a menudo he dejado, consciente o inconscientemente, que se separen los caminos de nuestras vidas. Porque es posible que los recuerdos den sentido a la vida, pero lo cierto es que no sirven de nada si no tienes a nadie con quien compartirlos.
Últimamente, en el enésimo intento de re-ordenación de mi habitación, me he puesto a hacer un par de cosas que, posiblemente, las personas irremediablemente nostálgicas como yo no deberíamos hacer. En primer lugar, estuve organizando fotos antiguas que inexplicablemente se habían ido acumulando en montones sobre mi mesa. Y, en segundo, distribuyendo por sus respectivas carpetas un montón de correo electrónico que a lo largo de casi un año se había depositado en mi buzón de entrada.
Supongo que no hace falta que diga que, a lo largo de este paseo por el tiempo, resultó inevitable impedir que los recuerdos volviesen de nuevo a mi mente. Sonreír con los buenos momentos pasados, y sentir esa punzada de nostalgia hacia los que sé que ya no volverán. Me encanta hacer fotografías, no sé bien por qué, y me encanta guardar todo aquello que cae entre mis manos como el más valioso de los tesoros, tampoco sé bien por qué.
Creo que, porque aunque sólo me traigan a la memoria momentos pasados, también me renuevan la esperanza de que el futuro me traerá otros muchos momentos para recordar, para pasar a formar parte de aquellos recuerdos que dan sentido a nuestras vidas con el paso del tiempo.
Quiero daros la gracias a los que habéis creado todo aquello conmigo, por los momentos pasados, los viajes y las risas. Por poder decir aún, y pese al tiempo pasado, “¿Recuerdas cuando…?” y dejar que la memoria nos traiga de nuevo la sonrisa.
Y también quiero pediros disculpas a muchos, a los que leéis este blog y a los que nunca lo harán, porque sé que a menudo he dejado, consciente o inconscientemente, que se separen los caminos de nuestras vidas. Porque es posible que los recuerdos den sentido a la vida, pero lo cierto es que no sirven de nada si no tienes a nadie con quien compartirlos.

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